A tres años inconclusos: La elección sin perdedores (I)

Hoy los mexicanos tenemos una nueva composición política que perfila escenarios de acuerdo entre las diversas fuerzas nacionales.

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A tres años inconclusos: La elección sin perdedores (I)
Foto: EFE.

Por Oscar Juárez

A tres años de gobierno morenista y pasadas las elecciones de medio periodo, hoy los mexicanos tenemos una nueva composición política que perfila escenarios de acuerdo entre las diversas fuerzas nacionales con un fuerte componente local marcado por el avance territorial de Morena pero una contracción electoral metropolitana, especialmente en el Valle de México; las causas son diversas.

Ya el propio presidente López Obrador identifica como una de las principales causas, la pérdida de respaldo entre los votantes de ingresos medios debido, según sus propios datos, a la infodemia durante los meses de confinamiento. La Jefa de Gobierno Claudia Sheimbaum, agrega a esta perspectiva presidencial, algunos otros factores que van desde la soberbia gobernante hasta la débil unidad partidista de un movimiento social que aún no es partido. Ambas lecturas son correctas pero parciales. De ahí, que, a un mes de asistir a las urnas, todas las fuerzas políticas pierdan algo o ganen algo de cara al futuro próximo.

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Voto y pandemia.

La contracción electoral de Morena en las ciudades globales, especialmente en el Valle de México es provocada por los costos sociales y económicos de la pandemia.  México es el quinto país con más muertes y la CDMX es una de las ciudades globales más golpeadas del mundo. Los electores urbanos pasaron la factura a sus gobiernos estatales pero también al presidente de la República. Nadie salió -ni saldrá ileso porque la pandemia sigue hoy activa- de sus propias omisiones y errores de gestión de la Covid 19.

El propio López Obrador reconoce en su mensaje político de hace unos días que hizo lo que humanamente estaba a su alcance para enfrentar la pandemia. Sin embargo, técnicamente, existieron más instrumentos de política pública pero implicaban en Palacio Nacional un replanteamiento de las prioridades de gasto público federal. No se hicieron los ajustes de cara a los segmentos de votantes que serían los más afectados por la pandemia. Vino la revuelta de las pymes en las mesas del Consejo Coordinador Empresarial y la consecuente sanción en las urnas: 7 de cada 10 empleos del país son generados en esas unidades económicas dejadas a la deriva, pero con exigencias de pagos bancarios, fiscales, múltiples derechos y tramitologías de los tres ordenes de gobierno. La estructura de empleo colapsó. Habrá que reconstruirla.

Al inicio del confinamiento mundial o The Great Lockdown, el FMI recomendó a los países de renta media y alta tres acciones estratégicas para gestionar el shock económico de la crisis sanitaria: una política monetaria para continuar con la liquidez de las empresas en paro técnico forzoso con recortes agresivos en las tazas de interés y así bajar el costo del dinero para el consumidor y no contraer el mercado; una política fiscal para proteger el empleo y una política de transferencias directas a las personas más lastimadas por el confinamiento, la pausa productiva y las medidas de mitigación sanitaria.

El Gobierno de México hizo un paquete emergente con valor de menos de dos puntos porcentuales del PIB, con énfasis solamente en las transferencias directas a través de los programas sociales de bienestar; “como anillo al dedo”, afirmaron algunos en la oficina del responsable federal de la estrategia electoral presidencial. La salida de Gabriel García muestra la necesidad de tener un implante territorial más efectivo de las estructuras clientelares del lopezobradorismo, pues darles un formato distrital federal, limitó su penetración y eficiente movilización por seccional electoral. Nuestra lectura es que no habrá clientelas suficientes para contener una exigencia cívica de gobiernos responsables que enfrenten con políticas los desafíos por venir; cada negocio cerrado y cada ausencia de un amigo o familiar nos estarán recordando que debemos ser mejores personas todos los días.

Por esa razón ética, cada semana de confinamiento, la Covid 19 adquiere la fuerza de un disolvente de las formas sociales, políticas y económicas en las ciudades del mundo. Es un reactivo de lo peor o un aditivo para la innovación. Nosotros optamos por un mejor futuro compartido. Implicará redoblar recursos, enfoque y acuerdos.

La CEPAL estimó que la pandemia en América Latina y el Caribe golpearía con inusitada fuerza a todos los gobiernos subnacionales de la región debido a nuestro frágil y fragmentado sistema de salud público, la informalidad de la economía, la brecha digital y educativa, la precaria urbanización con hacinamiento y el déficit de áreas verdes y agua potable, generando 203 millones de personas en pobreza y cerca de 78 millones de latinoamericanos en situación de pobreza extrema. Hoy el Banco Mundial calcula un desempleo de 42 millones de personas, la mayoría son mujeres que viven en ciudades convulsionadas por la Covid, la deserción escolar, los feminicidios y la violencia. Un gran desafío regional para la estabilidad de nuestras democracias.

La aprobación presidencial de López Obrador, amortigua los primeros embates de The Great Lockdown. Vivimos como país las primeras semanas de incertidumbre pandémica con la confianza puesta en la institución presidencial. No hubo saqueos generalizados o revueltas en las ciudades rotas por el dolor, el miedo y la muerte; tampoco una comunicación oficial efectiva sobre los riesgos estructurales que nos iban a vulnerar como sociedad en invierno. Caminamos a oscuras, confiando o desconfiando. Aún cuesta decir al Estado mexicano que enfrentamos una enfermedad inflamatoria que se transmite por aerosoles, respirando. Aún hay partidistas cuestionando criminalmente la eficacia de cuatro de las ocho vacunas en fase cuatro. Los meses por venir, por desgracia, serán diferentes para todos nosotros.

México duplicará su pobreza extrema este año de 2021, casi 10 millones de mexicanos de un jalón volverán a las premuras del día a día en plena crisis pandémica. Los principales afectados son ya los segmentos urbanos de ingresos medios. Al cerrar las pymes y pausar los servicios sin estímulos fiscales robustos y tasas de interés más bajas, la destrucción de vidas, negocios, empleos e ingresos fue inevitable; pasando los costos a millones de personas de las ciudades, agudizando de paso otros problemas sociales: incremento en dos dígitos de feminicidios, robos, adicciones y extorsiones. Gobernar esos riesgos implica desde ahora consolidar instituciones más sólidas e incluyentes; así como de una ciudadanía más patriota, participativa y solidaria.

Electoralmente, el confinamiento explotó en alternancias locales y configuró un impasse legislativo. Los votantes castigaron a los gobiernos estatales panistas y priistas del norte del país por su indolencia ante la pandemia pero también por su mala gestión de la sequía que lastimó aun más nuestra agroindustria exportadora. La retrospectiva ciudadana sancionó al partido del presidente en el centro del país por dejar a su suerte nuestra economía de servicios que vertebra regionalmente sectores como el restaurantero, comercial, cultural, entretenimiento, transporte y turístico.

Morena no tuvo la capacidad territorial de enfrentar el voto de castigo emergente pero la coalición opositora tampoco pudo capitalizarlo como voto útil para construir un nuevo balance legislativo, sobre todo, para el tema del presupuesto de frente a la sucesión presidencial.

Hace un mes ganó el malestar ciudadano con toda la clase política. Primer síntoma social de que las cosas ya no pueden seguir como van: el mandato de las urnas es salir de la crisis post Covid lo antes posible; eso requiere de profundos cambios institucionales que están congelados en Lomas Taurinas desde el año de 1994 y otros nuevos temas que surgirán con la pandemia. Si López Obrador quiere ser un buen presidente; pues ningún presidente del país se despierta deseando no serlo, es momento de dejar a un lado la ideología y retomar con pragmatismo la agenda estructural de nuestra transición democrática.

La radiografía del voto nos arroja una falla en la estrategia de movilización de las clientelas morenitas, una caída en la votación priista y panista, pero que sumados, superan en las secciones de ingresos medios con un margen de victoria amplio a los candidatos oficialistas. La coalición Va por México fracasó en su propósito por hacerse de la mayoría legislativa y frenar a Morena en el norte del país.  El partido del presidente queda como primera fuerza electoral pero pierde presencia de gobierno efectivo igual que sus opositores. Al mismo tiempo, Verde y MC emergen como bisagras para la formación de mayorías legislativas útiles en la gobernabilidad del país.

Todos ponen

Los partidos opositores históricos quedan en una situación comprometida: sin liderazgos renovados y agendas posicionadas, estructuralmente débiles y políticamente divididos, perdiendo votantes y gobiernos estatales. Las dirigencias nacionales son ahora cuestionadas por los pírricos resultados. Morena logra avanzar en su proceso de institucionalización como partido político, con logros notables para ser una fuerza nacional de reciente creación pero con la dirigencia nacional cuestionada por su militancia y los  acuerdos legislativos encarecidos por sus posibles aliados en los temas fiscales, electorales y energéticos, que saldrán del Congreso en una versión descafeinada.

Además, el presidente López Obrador mantiene un margen personal de conducción política de su propia sucesión, cuyo relanzamiento será la consulta de revocación de mandato. Sin embargo, las principales figuras morenitas lucen vulnerables y expuestas a la presión electoral de las ciudades metropolitanas que lo único que exigen por igual a toda la clase política es salir lo más pronto posible de la crisis económica pandémica. Quien así lo entienda, avanzará.

Al soro rugir del amor

La pandemia ha visibilizado nuestras desigualdades de género: son las amas de casa de los hogares más pobres quienes más mueren por Covid en las ciudades mexicanas y son las mujeres trabajadoras sanitarias quienes están en el frente de la primera línea en nuestro fragmentado sistema de salud.

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