Democrazy: La violencia del 6 de junio

Cabe mencionar que la violencia electoral en nuestro país no es un ente aislado o un fenómeno por si mismo, es y está relacionada con la violencia del día a día.

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Democrazy: La violencia del 6 de junio
Foto: EFE.

democrasy isidro osheaPor: Isidro O`Shea

@isidroshea

 

 

El 6 de junio tuvimos las elecciones más grandes de la historia del país, y si bien nos podemos quedar, independientemente de nuestras filias y fobias, con mensajes positivos como lo son la continuidad de nuestra democracia y el pluralismo político, el cual ha pintado al país de varios colores, no podemos hacer caso omiso a la violencia que hubo el día “D”.

La mayor parte de los analistas dijo o decía que había sido una jornada prácticamente en paz y armonía, a excepción de ciertos casos específicos ¿de verdad? Sí, de verdad, y no los juzgo; sin embargo, creo que hemos caído en el peor de los peligros: hemos normalizado la violencia electoral.

Cabe mencionar que la violencia electoral en nuestro país no es un ente aislado o un fenómeno por si mismo, es y está relacionada con la violencia del día a día, ya sea violencia común o violencia producto de la que llamamos delincuencia organizada.

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Ha sido claro que hemos normalizado la violencia, el caso más sonado tanto en medios tradicionales como en redes sociales fue: Metepec, con casillas atacadas por grupos armados donde buscaron mermar la tranquilidad de funcionarios de casillas y ciudadanos en general. Sin embargo, evidentemente Metepec no fue el único caso, y tampoco el peor.

En Baja California se arrojaron cabezas humanas frente a mesas electorales; se disparó a las instalaciones del comité de MORENA; e incluso se robaron urnas y papeletas electorales.

En el municipio de Chalco, en plena casilla electoral y a la vista de todos, se secuestró a un candidato a regidor; en Oaxaca en el Istmo de Tehuantepec se asesinó a ciudadanos que cuidaban las urnas y quienes persiguieron a grupos armados que las robaron y las quemaron.

En Guanajuato, en el municipio de Moreoleón, hombres armados atacaron a miembros del equipo de campaña del candidato del PAN al distrito XX local, ¿en dónde? En plena casa de campaña.

Bombas de gas lacrimógeno en Hidalgo; balaceras en Puebla y Veracruz; en Tlaxcala asesinatos a funcionarios del Instituto Electoral; en Michoacán secuestros a presidentes de casillas; y así con diversos actos de violencia nos podemos ir por todo México.

Lo más lamentable, reitero: ha sido y es tanto, que lo hemos normalizado. Y lo hemos normalizado por instinto humano, porque nos es imposible sorprendernos ante lo que se ha convertido en rutina. Hoy por encimita, mencionamos – lo cual es lamentable – cada uno de los casos, pero los cuales, en cualquier otra parte del mundo, caso por caso, ocuparían la portada y las 8 columnas de los principales diarios.

Un problema complejo

El problema es mucho más que complejo, pues no solamente se trata del día de las elecciones y de afectar nuestra democracia electoral; sino que incluso hace ver la debilidad de nuestra democracia sustantiva, de aquella que debe ser una forma de vida. Si esto sucede en días de elecciones, ¿qué no harán en otros días? Si no podemos sentirnos completamente seguros en días de comicios ¿cómo nos sentiremos el resto de los días? Esas mismas preguntas las planteaba en el espacio de mundo ejecutivo tv el día de la jornada.

En días pasados estábamos preocupados respecto a si nuestra democracia electoral resistiría los embates de diferentes actores políticos; afortunadamente, hemos visto que resistió. Sin embargo, no podemos ser conformistas, debemos preocuparnos y ocuparnos también de nuestra democracia sustantiva, que no implica más allá que un Estado de Bienestar, de tener la certidumbre de vivir en un Estado de Derecho; de no pasar nuevamente a la política caudillista.

Preocupémonos y ocupémonos, pues los únicos que hemos perdido, somos nosotros, los ciudadanos, tanto los que salimos a votar, como aquellos que por miedo no salieron.

Se logró el 52% de participación electoral, pero seguro estoy, de que hubiéramos rosado el 60% si no hubiera habido actos que inhibieran nuestro mayor derecho; el derecho a votar.

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