Huérfanos del Covid-19: la pandemia invisible en México

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Huérfanos
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Por Mayra Lizethe Gómez

México es el país con más huérfanos a consecuencia de la pandemia por Covid-19, ellos son las víctima invisibles

México es la casa hogar más grande del mundo por el covid-19. En los 20 meses que lleva la pandemia en nuestro país, más de 244 mil niñas, niños y adolescentes han perdido a sus cuidadores primarios o secundarios, incluyendo padre, madre, abuelos con custodia o que vivían con ellos, según las cifras publicadas por el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República.

Su documento, titulado “La orfandad ocasionada por la pandemia”, retoma un estudio de la revista médica británica The Lancet que coloca a México en el primer lugar de un total de 21 países que concentran tres cuartas partes de las muertes globales por covid-19.

Alan no conoce estos datos, pero conoce de cerca el dolor de haber perdido a su papá por el covid-19. “La última vez que lo vi estaba con oxígeno, ya se lo llevaban al hospital, desde ahí ya no lo vi”, recuerda. Con sólo 10 años, Alan dice que le gusta mucho ir a la escuela, sobre todo los martes y jueves porque tiene su materia favorita: educación física. Va muy bien en sus calificaciones, su promedio es de 8.5. Desconoce qué profesión va a estudiar, pero de algo está seguro: cuando se dedique a trabajar quiere vestir un traje y estar sentado detrás de un escritorio.

La pérdida de su papá es reciente, apenas sucedió el 2 de octubre de este año, sin que hubiera podido vacunarse antes. Lo recuerda como alguien enojón, pero amigable. Cuenta que trabajaba todo el día en su negocio (una verdulería) y llegaba cansado a casa, pero a veces salían a comer gorditas, con su hermana y su mamá.

Jura que no olvidará las veces que su papá le enseñó a nadar cuando iban a Acapulco, Huatulco y Morelos, éste último lugar favorito de su padre y donde sus abuelos tienen una casa con alberca que Alan disfruta mucho.

Alan y su hermana Bárbara son parte de las cifras de The Lancet, que en julio pasado estimó que casi dos millones de menores de edad en el mundo perdieron a su cuidador más importante, lo que significa que cada 12 segundos, una niña, niño o adolescente, pierde a su cuidador principal. “Por cada 2 adultos que mueren a causa de la covid-19, un niño se queda sin un familiar que los cuide”, dicen las autoras del estudio.

Estas cifras coinciden, en parte, con las difundidas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que en un reporte señala que el 42 por ciento de las personas fallecidas por covid-19, eran jefes o jefas de familia. Mientras que el Instituto Belisario Domínguez, estima que hay 90 huérfanos menores de edad por cada 100 muertes reportadas en el país.

El 17 de enero del 2021 fue uno de los peores días en la corta vida de Ingrid. La muerte de Fernando sorprendió y conmocionó a toda su familia en el Estado de México, 14 días antes había cumplido 15 años.

Fernando era esposo de su abuela Leticia, matrimonio de 23 años que dedicó tiempo y alma a la crianza de Ingrid y de sus dos hermanos prácticamente desde que llegaron a este mundo.

Para Ingrid, Fernando era como un padre, los llevaba a la escuela y apoyaba en todo, incluso solía asistir a las juntas escolares. Era taxista, alegre y casi no se enojaba.

Murió en casa de su madre. Ese día por la tarde, Ingrid y sus hermanos hablaron con él por videollamada, pero estaba muy enfermo y ya casi no podía hablar por una baja oxigenación.

La noticia de su fallecimiento a las 11 de la noche fue peor que un balde de agua fría para todos. Ella, incrédula, no sentía que fuera verdad. “Como no lo vi cuando murió pensé que iba a regresar. Hasta que pasaron los meses, me di cuenta que no sería así. A mí siempre me decía que estudiara, siempre estuvo ahí apoyándome mucho en la escuela, en todo. Le agradezco que me haya cuidado aunque no haya sido su obligación. Me cuidó 15 años y se lo agradezco mucho”, comparte.

Fer, como le decían de cariño, no estaba vacunado. Su oportunidad en la estrategia de vacunación para las personas mayores de 50 años en el Estado de México llegó cuatro meses después de su muerte.

A raíz de esta pérdida, Ingrid tuvo que empezar a trabajar como cajera en un restaurante.

Para darse una idea, los 244 mil huérfanos mexicanos por covid-19 podrían llenar más de dos veces el Estadio Azteca, que tiene una capacidad para 104 mil personas; o bien, casi tres veces el Camp Nou, del Barcelona.

Cifras negras en México y la necesidad de un censo

Dos meses después de que The Lancet publicó sus estimaciones de orfandad, el DIF Nacional salió al paso, al informar que cerca de 118 mil niñas, niños y adolescentes en todo el país habrían quedado en esa situación, dejando en evidencia que las niñas, niños y adolescentes huérfanos por covid-19 son parte de las cifras negras de esta crisis sanitaria.

Desde el inicio de la pandemia, la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) ha llamado a las autoridades a organizar un censo para “ubicar en dónde están, quiénes son, cuáles son sus redes familiares comunitarias, etcétera, para entonces desarrollar una estrategia diseñada y entendida como una política pública”, destaca Tania Ramírez, directora de la organización.

También puntualiza que al inicio de la pandemia, faltó una detección adecuada de esta problemática y una vez detectada, no se tomaron las medidas para revertirla.

“Fue un fallo de origen al no haber incorporado como uno de los datos que se hacía del registro de fallecimientos (preguntar si) la persona que falleció tiene hijas e hijos, una pregunta así de simple te daba muestra de que no nos estábamos olvidando de las niñas, niños y adolescentes, y podríamos haber tenido esa cifra actualizada al minuto”.

La directora de la Redim considera que la descoordinación entre dependencias gubernamentales, organismos e instituciones públicas fue otro obstáculo que impidió el nacimiento de un censo de huérfanos por covid-19. Estrategia en la que deben involucrarse la Secretaría de Salud, Educación Pública, Registro Civil, Comisión Nacional de la Población (Conapo), el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), entre otras.

“No quedaba claro en dónde recaía esta responsabilidad, si era en el sistema de Salud por levantar los datos una vez que la persona fallece. Me imagino que también en algún punto se pensó que era solamente un asunto del DIF, pero hay que recordar que es un sistema orientado mucho más a la asistencia. Me parece que en esa conversación México se perdió y perdió meses”.

En entrevista, Josefina Vázquez Mota, presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez y de la Adolescencia en el Senado de la República, considera que el origen del problema viene directamente de la Secretaría de Salud. Sin mencionar su nombre, se refiere al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, encargado de conducir la estrategia epidemiológica en el país.

“Lo ha hecho de manera criminal… Ha habido una invisibilidad para las niñas, niños y adolescentes… Ha habido tal indiferencia, desprecio, abandono, sin razón, de esta persona, que las respuestas hablan por sí mismas y el que nuestro país sea el primer lugar de niñas niños y adolescentes huérfanos, pues dice absolutamente todo de la conducción criminal que se ha dado hasta este momento”.

La Ciudad de México y el Estado de México son las entidades con más contagios por covid-19 y también son de las pocas entidades que han hecho un estimado de orfandad. En septiembre de este año, el DIF Ciudad de México estimó cinco mil 300 menores de edad que perdieron a uno o ambos padres por covid-19, el doble de los que se habían reportado en octubre del 2020, aunque la ola orfandad es más grande en el Estado de México, donde de acuerdo con la Secretaria Ejecutiva del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes local (SIPINNA Edoméx), hay cerca de 13 mil niñas, niños y adolescentes en esta condición.

¿Interés superior de la niñez como principio rector?

La Ley General de las Niñas, Niños y Adolescentes (LGDNNA) reconoce el interés superior de la niñez como el primer principio rector para garantizar la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Para Tania Ramírez, directora de la Redim, México está en un momento muy crítico debido a que las crisis derivadas de la pandemia encarnan múltiples intereses, ya sean políticos, económicos o sanitarios, los cuales desdibujan el interés superior de la niñez, y lejos de ser un eje en la política pública, se lleva a un segundo o tercer plano.

Esto a pesar de que el Artículo 2 de la LGDNNA dice que el interés superior de la niñez “deberá ser considerado de manera primordial en la toma de decisiones sobre una cuestión debatida que involucre niñas, niños y adolescentes” y que “las autoridades realizarán las acciones y tomarán medidas, de conformidad con los principios establecidos” en la ley, “garantizando un enfoque integral, transversal y con perspectiva de derechos humanos en el diseño y la instrumentación de políticas y programas de gobierno”.

Sin embargo, desde hace 20 meses las políticas públicas para darles un apoyo integral avanzan a paso de tortuga, mientras la cantidad de estas víctimas colaterales va en aumento, contradiciendo el Artículo 3 de la LGDNNA que menciona “las políticas públicas deberán contribuir a la formación física, psicológica, económica, social, cultural, ambiental y cívica de niñas, niños y adolescentes”.

“Sin duda estamos también frente al reto de la invisibilidad de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos… Corremos el riesgo de pensar únicamente en la solución inmediata a sus necesidades, digamos de vivienda o de alimentación, y no observarlo en una lógica de garantía de derechos”, subraya Tania Ramírez.

En ese sentido, la Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez entrega apoyos de 800 pesos mensuales para estudiantes de educación básica y la misma cantidad en becas universales para estudiantes de Educación Media Superior. Aunque para recibirla hay que cumplir con dos requisitos:

 

  1. De manera oficial, la niña, niño o adolescente debe estar en condición de orfandad por fallecimiento de padre, madre o ambos a causa del covid-19, conforme el acta de defunción. Esto no siempre se ha cumplido, sobre todo en los primeros meses de la pandemia cuando la enfermedad era confundida o establecida como neumonía y no covid-19.

 

  1. La niña, niño o adolescente debe estar inscrito en el ciclo escolar vigente en algún plantel educativo del Sistema Educativo Nacional, y que el tutor o tutora cuente con documentación para acreditar custodia de patria potestad del menor.

Pero la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED) 2020, realizada por el INEGI, reporta que 5.2 millones de niñas, niños y adolescentes ya no se reinscribieron en el presente ciclo escolar, de los cuales 3 millones pertenecen a educación básica y 1.3 millones no se inscribió por motivos del covid-19. Ante la falta de un censo de orfandad, desconocemos cuántos de ellos perdieron a su padre, madre o cuidador primario.

En este punto, nuevamente se viola el Artículo 2 de la LGDNNA que establece “cuando se tome una decisión que afecte a niñas, niños o adolescentes, en lo individual o colectivo, se deberán evaluar y ponderar las posibles repercusiones a fin de salvaguardar su interés superior y sus garantías procesales”.

Así también, se violan los principios rectores y derechos de: igualdad sustantiva (acceso al mismo trato y oportunidades para el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales), educación, no discriminación, inclusión, accesibilidad, supervivencia y desarrollo, entre otros.

Parece que la niñez mexicana crece sin conocimiento certero sobre sus derechos a pesar de que en la educación básica se imparte la materia Formación cívica y ética.

Ingrid, por ejemplo, tuvo que empezar a trabajar desde la muerte de su papá Fernando. No está recibiendo ningún tipo de apoyo por parte de las autoridades y no sabe si sus derechos están siendo vulnerados. Desconoce si es obligación del gobierno dar algún apoyo, ya sea económico o integral, a quienes han perdido a su padre, madre o cuidador primario por covid-19.

Tania Ramírez, mientras tanto, comenta que “otro caso muy claro en donde los derechos de niñas y niños quedaron relegados fue todo lo que tiene que ver con la información; hacerles parte y partícipes de todo lo que implicaba informar, lo que estaba sucediendo con esta pandemia. Solo tuvimos un único ejercicio en estas sesiones vespertinas donde el subsecretario de Salud (Hugo López-Gatell) informaba a la población sobre el avance y control de la pandemia”.

“Tuvimos una sesión a mi juicio, muy conmovedora, muy linda, muy participativa (el 30 de abril del 2020), pero fue una en año y medio que llevamos de pandemia, y no logró ser algo que se incorporara con consistencia de manera que ese fuera un espacio en el que también a niñas y niños se les explicara.

“Se dejó al manejo doméstico y a los materiales que desarrollaban de pronto algunas instituciones o de pronto las organizaciones, pero no se abordó como una política pública o como parte de la política de gestión de la pandemia, la información orientada hacia niñas, niños adolescentes. Dejamos de ver que ellos y ellas tienen derecho no sólo a participar sino a que su opinión sea incorporada en las tomas de decisiones”.

“Resulta preocupante que los huérfanos por Covid-19 tengan que enfrentar varios frentes: el emocional, psicológico, social, económico, familiar y además, de salud, ya que tampoco están integrados a la política nacional de vacunación como sector. Recordemos que hasta el momento, en nuestro país solo están siendo vacunados aquellos menores de edad con comorbilidades (casi un millón) y los pocos que han logrado un amparo”.

La ruta del censo

Olga Esquivel, titular del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de México, rescata que en esta crisis sanitaria las niñas, niños y adolescentes han pasado de ser un asunto privado a un asunto de interés público, ya que antes de la pandemia no eran tan reconocidos ni visibilizados.

Aplaude que el Senado haya emitido un exhorto al Gobierno Federal para que, en coordinación con los gobiernos estatales y municipales, integre un registro nacional de niñas, niños y adolescentes en situación de orfandad, ocasionada por la pandemia de covid-19.

La senadora Josefina Vázquez Mota, presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez y de la Adolescencia, detalla que para atender este exhorto dialogarán entre otras dependencias y organismos con el INEGI, SIPINNA Nacional y estatales, DIF Nacional y estatales, así como las procuradurías de protección a niñas, niños y adolescentes.

Por su parte, la titular del SIPINNA Edoméx urge a tomar acción a la brevedad, de lo contrario, existe el riesgo de que estos menores de edad, puedan ser presa fácil del crimen organizado, víctimas de abuso sexual, trata de personas, o deserción escolar, después de perder a su principal sustento económico, ya sea padre, madre o cuidadores primarios, lo que vulnerará aún más sus derechos humanos.

“Una vez que llegue el exhorto a las entidades, esto es cuestión de trámite, tendremos que poner en marcha un plan para que estas instituciones encargadas de llevar estos registros, lo puedan realizar. Seguramente tendremos que armonizar los formatos y tendrá que haber una convocatoria estandarizada a nivel nacional para que las instituciones reciban la información.

“Ya se ha platicado en reuniones de trabajo con el Registro Civil, el DIF estatal y otras secretarías, como Salud y Educación, a fin de saber cuáles son los registros administrativos con los que cuentan sobre deudos y fallecidos por covid-19, y con base en esos registros hemos planteado ya una ruta para poder conseguir, esquematizar y sistematizar los datos y tener estimaciones más aproximadas”.

A decir de Olga Esquivel, la estrategia dependerá en gran parte de la participación voluntaria de los ciudadanos y la participación de los medios de comunicación para poder llegar a todas las familias, que sepan de la existencia de este registro y se pueda construir un padrón real, confiable, y con esa base brindar los apoyos necesarios para restituir los derechos de los menores de edad.

Este proceso en el Estado de México, podría tomar un año.

Presupuesto encarecido… ¿Y el SIPINNA?

Desde la Cámara de Senadores, la maestra Vázquez Mota confía en que a través del exhorto se pueda lograr una primera base para el registro de orfandad por covid-19. Y es que de cara a la aprobación del Presupuesto de Egresos 2022, esta comunidad carece de algún rubro para el acompañamiento y la atención de políticas públicas, “simple y sencillamente no existen”, denuncia la senadora.

Al mismo tiempo, expresa su preocupación por el recorte que cada año sufre el presupuesto destinado a las niñas, niños y adolescentes.

“Lejos de fortalecerse el presupuesto hay una disminución muy grave. Ya no tenemos estancias infantiles, desapareció el seguro popular, con todas las consecuencias que esto tiene para niños y adolescentes en todo el espectro de enfermedades desde niños con cáncer, un apoyo urgente e invaluable y que hoy ya no lo tienen.

“Tenemos una gran cantidad de niñas, niños y adolescentes que ni siquiera han completado su cuadro básico de vacunación por la escasez de vacunas y de medicamentos”.

En ese tema coincide Olga Esquivel, titular de SIPINNA Edoméx, reconoce que los recortes desde 2019 han provocado la cancelación de las Escuelas de Tiempo Completo, estancias infantiles, distintos apoyos de alimentación y nutrición, dificultades en los esquemas de vacunación completos, la aplicación del tamiz neonatal, entre muchos más, que vulneran la cobertura de servicios y la garantía de los derechos de los menores de edad.

Josefina Vázquez Mota informó que actualmente se trabaja en una agenda de modificaciones y nuevas leyes para incorporar las realidades que está dejando la pandemia.

Igual de preocupante resulta que el SIPINNA en la Secretaría de Gobernación cumpla nueve meses acéfalo, después de la renuncia de Ricardo Bucio, principal promotor del mecanismo y quien estuvo al frente desde su creación en 2015.

La senadora lamenta que aún no se haya nombrado a un titular y achaca esta situación al constante desprecio e indiferencia de las autoridades por las infancias mexicanas.

En junio de este año, el presidente de México amenazó con desaparecer a este mecanismo porque según su entendimiento, duplicaba las funciones del DIF.

Para Tania Ramírez, directora de la Redim, el SIPINNA vive una crisis política en momentos que se requiere un mecanismo fuerte con un titular para coordinar a todas las instituciones “que por sí mismas no se ponen de acuerdo”.

Orfandad pega a familias enteras

La orfandad por covid-19 ciertamente tiene como protagonistas a los menores de edad que han perdido a sus cuidadores primarios. Sin embargo, es una situación que afecta a todo el núcleo familiar y genera la posibilidad de integrar nuevos grupos familiares cuando las niñas, niños y adolescentes deben quedarse al cuidado de abuelos o tíos que no viven en la misma casa.

Para la directora de la Redim “va a haber muchos elementos que atender, por supuesto el del impacto psico social, la atención tanatológica. No únicamente pierden a su sustento o a las personas que le cuidan si no que perdieron probablemente las personas que más aman y eso tiene una huella a nivel psicológico que no debe desdeñarse”.

Enfatiza que los niveles de angustia y estrés en las niñas, niños y adolescentes se han manifestado durante estos meses, y no sería lo mismo perder a un padre o una madre por un accidente o causas naturales, que perderlo por una situación pandémica.

Bárbara es hermana de Alan. Tiene 12 años. Va en primer año de secundaria, pero dejó de ir por el fallecimiento de su papá y no tiene fecha de regreso. Se llevaba muy bien con él. Le daba regalos, principalmente chamarras y chalecos. Además de enseñarle a nadar le enseñó a jugar baraja.

El deporte favorito de Bárbara es el fútbol; juega como defensa en un equipo de su colonia. Cuenta que los sábados, ella y su hermano, quien también juega en un equipo de la liga como portero, disfrutaban de ir a los partidos con su papá.

Cuando un menor de edad pierde a un padre, una madre o cuidador primario, hay nuevos roles familiares, la nueva cabeza de familia o cuidador de los menores lidia, batalla, enfrenta una guerra con las nuevas tareas. Sus rutinas cambian, sus tiempos disminuyen, mientras el dolor, la angustia, la culpa y la frustración, les invaden el alma y la mente. Parece una guerra que no se puede perder.

Es el caso de Joanna, mamá de Bárbara y Alan. Tiene 33 años, pero casi la mitad de su vida la pasó con Jorge, padre de sus hijos. Estuvo menos de una semana en el hospital con pocas esperanzas de vida, su oxigenación fue cayendo hasta el 30 por ciento, a pesar de los tratamientos.

Joanna había firmado un documento en el que no autorizaba la intubación, pero en el último día, los doctores le dijeron que podía ser la única opción. Jorge no resistió, murió 10 minutos después de haberse despedido de ella y haberle encargado a sus hijos.

“Traigo muchos sentimientos, enojo, coraje, tristeza, culpa… Ahorita me tengo que levantar porque mis hijos dependen de mí. Si yo no trabajo, si yo no hago nada prácticamente no hay quien me dé. A veces no quiero llegar aquí porque me acuerdo de todo. Yo sabía que eran las 7 de la noche y él ya estaba aquí o eran las 6 o 9 de la mañana y él se iba. Llegar y yo aquí dormir sola, llego estoy sola, el negocio es lo mismo porque él estaba ahí todo el día. Es muy duro y me está costando mucho trabajo. Creo que mis hijos son más fuertes que yo.

“Ellos son los que me dicen que no llore o que él ya está en paz y nos va a cuidar desde el cielo, pero aunque me digan eso, no me siento bien. Yo no soy la fuerte para decirles que todo va a estar bien. Yo no soy la que habla con ellos, son ellos los que hablan conmigo. Me dicen que vamos a echarle ganas porque nada más somos nosotros tres. En esa parte también me siento mal porque en lugar de ser yo el apoyo de ellos, ellos son mi apoyo”.

Caso similar vive Leticia, abuela de Ingrid. Sus peores días ocurrieron entre el 7 y el 20 de enero. En 13 días perdió a su esposo, a su madre de 95 años que vivía con ella, y a su hermano más cercano.

“Yo me quedé con mucho estrés, con mucha ansiedad, yo no dormía. Gracias a Dios empecé a regularizarme, pero todo esto cambió la vida totalmente. Todos hacen mucha falta”, comparte Leticia.

Con esta pandemia, la cantidad de huérfanos creció de manera exponencial y se unirán a las niñas, niños y adolescentes que han perdido a sus seres queridos a causa de la violencia, como bien apunta Tania Ramírez. “Lamentablemente la orfandad empieza a acompañar cada vez más numéricamente y más gravemente a las niñas, niños y adolescentes. Entonces, me parece que la orfandad por covid-19 va a ser solamente una causal más que acompañe sus vidas”.

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