Diálogos metropolitanos: ciudades competitivas, prosperidad y bienestar para la gente

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competitividad urbana
competitividad urbana
Pablo Basáñez García
Pablo Basáñez García

Por: Pablo Basáñez García/Doctor en Administración Pública. Analista de temas municipales, de ciudad y gobernanza metropolitana.

 

 

 

El pasado 23 de noviembre el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) publicó el Índice de Competitividad Urbana 2021. Dicho estudio establece los elementos que hacen de una ciudad atractiva para el talento y la inversión. Mide 69 variables en ciudades en las que vive el 63 por ciento de la población de México y se presenta el 88 por ciento de la inversión bruta fija del país. Así, a través de con 10 subíndices mide los aspectos que hacen que una ciudad sea más competitiva.

Pero, ¿qué tan importante es vivir en una ciudad competitiva?

Regularmente se cree que los análisis sobre competitividad son importantes solo para los grupos empresariales o de grandes inversionistas, pero que sus consideraciones no tienen nada que ver con la vida diaria o el llamado “bienestar” de las personas. Suena pues algo muy de la “lógica del mercado” o de las visiones “neoliberales” del mundo.

Veamos, una Ciudad Competitiva es eficaz, profesional, transparente y cercana con la gente; una ciudad verdaderamente aliada de la sociedad que adopta una democracia participativa y entiende que el nuevo arte de gobernar se encuentra en la capacidad de organización y acción con la sociedad.

Se trata de una ciudad creativa y atractiva a dos niveles: uno externo, que incremente su capacidad de atracción de inversiones, de capital, de personal calificado, de visitantes; y otro interno, para que la ciudad seduzca a sus propios habitantes, haciéndola más habitable, cómoda, solidaria, con un desarrollo urbanístico armónico, recursos humanos bien formados y necesidades de las personas bien atendidas.

La competitividad refleja la prosperidad de las ciudades. Las zonas urbanas contribuyen desproporcionalmente al ingreso de las naciones. Sin embargo, la productividad estructural de las ciudades descansa, al menos en parte, en un suministro eficiente de territorio con servicios e infraestructura confiable, incluyendo transporte, energía, agua y saneamiento, así como tecnologías de la información y comunicación.

Las Ciudades Competitivas no se encuentran aisladas de su entorno, sino insertas en un sistema de ciudades que comparten características similares y se relacionan entre ellas formando Redes de Ciudad. Estas redes son parte del llamado citymarketing, que considera el rediseño, es decir, la planeación estratégica de la ciudad; la implicación, entendida como la renovación de la urbe con cambios constantes para mantenerla atractiva; y la competencia, la cual logra destacar la ciudad ante otras.

El futurólogo Peter Druker señalaba que, dada la facilidad y la velocidad con que viaja la información, todas las instituciones en la sociedad del conocimiento deberán ser globalmente competitivas, aun cuando la mayoría de las instituciones sigan siendo locales en sus actividades y en sus mercados.

De esta forma una ciudad puede maximizar la productividad y el bienestar de sus habitantes. Esto significa que este Índice, a diferencia de otros, evalúa las capacidades estructurales y no solo las coyunturales de las ciudades que permiten alcanzar dichos objetivos.

Dada la importancia de lograr ciudades que se propongan ser competitivas, revisemos que resultados arroja el Índice de Competitividad Urbana 2021.

Entre los rubros que mide el IMCO se encuentran: sistema de derecho confiable y objetivo; manejo sustentable del medio ambiente; sociedad incluyente, preparada y sana; sistema político estable y funcional; gobiernos eficientes y eficaces; mercado de factores eficiente; economía estable; sectores precursores de clase mundial; aprovechamiento de las relaciones internacionales; y, la innovación y sofisticación en los sectores económicos.

El resultado de este estudio arroja que en general, las ciudades observaron retrocesos en indicadores económicos, sociales y educativos con la pandemia. Resalta avances en materia de Delitos, ya que se redujo la incidencia delictiva (de 19 a 16 delitos del fuero común por cada 100 mil habitantes) y en materia de conectividad, en virtud de que, en línea con las necesidades de trabajo y estudio remoto que trajo consigo la pandemia, se registró un mayor porcentaje de hogares con computadora e internet (de 26% a 37%).

Sin embargo, se mostraron caídas generalizadas en finanzas, rubro en el que se redujo el porcentaje de ingresos propios (de 28% a 26% del total ingresos públicos) y en inversión, en el que se observó 18 por ciento menos inversión extranjera directa neta en promedio (de 429 a 352 millones de dólares ponderados por PIB).

El IMCO señala que las zonas urbanas perdieron diversidad en los sectores que aportan a sus economías, la desigualdad en los salarios se incrementó, y un mayor porcentaje de los trabajadores declararon no percibir ingresos. Asimismo, el desarrollo del talento se vio afectado, pues, aunque el sistema educativo ya tenía problemas estructurales, la pandemia los profundizó. Así, el promedio de la cobertura educativa para niños menores de 14 años que no superaba el 82 por ciento, cayó significativamente en 2020. Las ciudades perdieron al menos 2 por ciento de los alumnos en 2021 respecto al ciclo escolar 2019-2020. De acuerdo con el Banco Mundial, los aprendizajes perdidos podrían significar una disminución de por lo menos 8 por ciento de su ingreso futuro.

Cuando los gobernantes y autoridades de las urbes comprenden y comparten la visión de competencia y entienden el alcance e influencia que tiene, abren oportunidades que se reflejan en ciudades más atractivas y con mejor calidad de vida para sus habitantes. Sin duda, lograr hoy ser mas competitivos, en todos los campos de la actividad humana, nos hará una sociedad más justa y próspera, en pocas palabras, más competente.

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