Diálogos Metropolitanos: Ciudades libres de violencia para las mujeres

La violencia hacia las mujeres se registra en el transporte público, la calle, el trabajo, la vida política y, por más paradójico que resulte, en el hogar.

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Diálogos Metropolitanos: Ciudades libres de violencia para las mujeres
Foto: Tumisu/Pixabay.

pablo basañezPor: Pablo Basáñez García/Doctor en Administración Pública. Analista de temas municipales, de ciudad y gobernanza metropolitana.

 

 

 

Agosto ha llegado a ser uno de los meses más violentos hacia las mujeres en México durante este sexenio. El reporte de feminicidios arroja la cantidad de 107 víctimas mortales en ese mes. En el periodo enero-agosto se registra un aumento de ocho por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, el feminicidio, si bien es la muestra de violencia de género más visible, indignante y cruel, no es la única manifestación de este flagelo social.

La violencia hacia las mujeres se registra en el transporte público, la calle, el trabajo, la vida política y, por más paradójico que resulte, en el hogar.

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La ciudad se ha vuelto un espacio de riesgo, especialmente para la mujer. En el transporte público, ocho millones de mujeres todos los días toman un camión, combi, metro, tren ligero y caminan en el Valle de México con diversos motivos: acompañar a un familiar, trabajar, estudiar o adquirir bienes y servicios en la CDMX; o bien salir a practicar un deporte, realizar actividades recreativas o culturales. En estos viajes intra metropolitanos, se registran cien asaltos diarios en unidades de transporte urbano colectivo y taxis, cometidos en el Valle de México, en rutas de longitud larga o de gran trayecto.

La movilidad de la mujer no es lineal, sus trayectos son diversos: realizan entre 3 a 6 viajes y pasan más tiempo en las calles que los hombres; por lo cual, viven más expuestas a las violencias urbanas en los derroteros, al momento de ascender o descender, así como cuando caminan por las calles o esperan abordar su transporte.

Estudios como el Índice de Ciudades Seguras (ICS) de The Economist promovido por el Centro de Investigación en Política Pública (IMCO), o la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSPU) que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), sirven para conocer de una mejor manera la evolución que tienen las ciudades y la realidad en materia de seguridad que presentan diversas regiones tanto del país como de ciudades densamente pobladas en el mundo.

Según la ENSPU con datos publicados en el mes de marzo de este año, el 66.4 por ciento de la población mayor de 18 años en México considera que vivir en su ciudad es inseguro, donde la percepción de inseguridad fue mayor en el caso de las mujeres con 71 por ciento, mientras que para los hombres fue de 60.9 por ciento.

Si bien el tema no sólo es de percepción, sino que los datos que arrojan los índices delictivos confirman la sensación de miedo citadino, debe avanzarse en crear un ambiente no hostil para las mujeres en todas sus dimensiones.  Los gobiernos y las organizaciones sociedad civil, con un fuerte respaldo por los medios de comunicación y las redes sociales, han trabajado juntos en la promoción de políticas de género.

Vale la pena destacar en este esfuerzo colectivo, la creación hace un año, el pasado 20 de septiembre para ser preciso, de la Secretaría de la Mujer en el Estado de México. Isabel Sánchez Olguín, Secretaria de la Mujer del Estado de México,  ha señalado que se han emprendido programas y acciones para identificar, prevenir y atender la violencia que sufren las mujeres en las ciudades, ya que la falta de seguridad en las ciudades restringe el derecho de las mujeres a irrumpir en el espacio urbano; sin embargo, a pesar de que se les ha negado el acceso al espacio público, ellas han irrumpido en él, se han apropiado de los espacios de la ciudad desde diversos ámbitos, la protesta social, el arte, la academia.

Coincido con su estrategia, con ellas sabemos que el reto es enorme y requiere de esfuerzos conjuntos, de todas y todos. No obstante, se debe seguirse avanzando en la construcción, como señala, de mejores ciudades para que las mujeres puedan, con toda libertad, visitar un lugar, conversar sobre sus experiencias o recordar valores culturales. La Titular de esta Secretaria nos recuerda, junto con diversas autoras que han abordado esta problemática, que esto tiene una amplia significancia espacial ya que de esta forma se configura lo cotidiano y se construye el imaginario colectivo urbano, por ejemplo, del sentido del lugar, el paisaje y los espacios del miedo.

El Derecho a la Ciudad es pues un imperativo ético, jurídico e histórico para las mujeres mexicanas, quienes deben contar con la oportunidad de disfrutar los beneficios de vivir y habitar la ciudad y ya no más, padecerla.

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