La Sierra de Guadalupe y nuestro futuro urbano

La Sierra de Guadalupe es un sistema de seis áreas volcánicas con 16 estructuras dómicas y 11 volcanes del Cinturón Transmexicano desarrollado en el Micenio medio y que alimenta la cuenca hidrográfica de México.

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La Sierra de Guadalupe y nuestro futuro urbano
Foto: cdmxtravel.com.

Por: Oscar Juárez

Contexto

La Sierra de Guadalupe es un sistema de seis áreas volcánicas con 16 estructuras dómicas y 11 volcanes del Cinturón Transmexicano desarrollado en el Micenio medio y que alimenta la cuenca hidrográfica de México, está hecha de derrames lavales, mezclas de material piroplástico, cristalización de magma, brechas autoclásticas, que con los siglos fueron variando de andesistica a riodacítica y que con nuevas erupciones, los flujos de lava de la cima cubrieron las rocas basales, que la actividad sísmica fracturó, generando fallas en forma de escarpe y bloques.

Es un suelo no apto para la vivienda y urbanización, ya que es altamente inestable, dada su estructura geológica.

Los bloques y escarpes están sometidos a una intensa fracturación producto del empuje sísmico o hidrostático, que provoca rodamientos, desprendimientos, volteos, deslizamientos y flujos de materiales pétreos sobre las laderas volcánicas de la sierra, que está catalogada como parque urbano y área natural protegida. Aún así, el centralismo político de la industrialización acelerada en el Desarrollo Estabilizador del siglo pasado provocó migraciones de mano de obra rural que extendieron los pueblos originarios más allá de sus propios núcleos ejidales y conformaron periferias precarias con déficit de servicios públicos y vivienda de autoconstrucción progresiva de la mano de invasiones, fraccionamiento y venta ilegal de predios en las laderas volcánicas de la Sierra de Guadalupe.

Hoy la biodiversidad, los microclimas, los recursos hídricos y los ecosistemas de la Sierra de Guadalupe están comprometidos por factores antrópicos, al tiempo, que vuelve altamente riesgosa la actividad humana asentada sobre las laderas de material volcánico y las brechas autoclásticas. La deforestación por tala y los incendios de flora provocados a fin de ir construyendo ilegalmente más vivienda precaria en la sierra, provoca que el agua de lluvia no sea filtrada y escurra como alud, acelerando la fragmentación de escarpes y bloques volcánicos que con el empuje hidrostático son llevados ladera abajo, hacia la mancha urbana. Solo esta semana, hay registro de inundaciones en las partes bajas de la sierra en Coacalco, Ecatepec y Tlalnepantla, el derrumbe en el domo del Chiquihuite, un deslizamiento en el domo Gordo y un flujo de material en el domo de La Mesa y San Miguel Chalma.

La degradación ambiental de la Sierra de Guadalupe nos afecta a todos, es momento de actuar.

Salidas posibles a la crisis ambiental y de vivienda

Los riesgos siempre son sociales, no son naturales: forman parte de las consecuencias de la acción humana sobre el territorio y los recursos. Desde esta perspectiva, es como debemos diseñar políticas públicas para transitar la crisis ambiental del Valle de México.

Uno. Los pobres al centro de la nueva agenda urbana.

Frenar la urbanización extensiva con vivienda precaria de autoconstrucción progresiva significa un cambio drástico en el modelo de desarrollo urbano del país centrado en el consumo expansivo de suelo y un débil ordenamiento territorial. Cambiémoslo.  Hay que centrar el desarrollo territorial en la consolidación interurbana de nuestras principales centralidades metropolitanas en el Valle de México, que están alrededor de la Sierra de Guadalupe, para que la oferta de vivienda sea a través de la regeneración de nuestras zonas desindustrializadas con instrumentos de planeación subregional de centro urbano (P-CU), programas territoriales operativos intermunicipales para que los nuevos polígonos de vivienda incorporen usos de suelo mixtos y mezcla de densidades a fin de atraer inversiones en servicios comerciales, financieros y tecnológicos que redefinan la estructura del empleo productivo.

Los P-CU pueden ser un gran detonador de valor en el territorio para redensificar las cabeceras municipales y sus viejas zonas industriales subutilizadas a fin de frenar el consumo de suelo en la Sierra de Guadalupe y ofertar nueva vivienda a los más pobres en zonas dotadas de servicios públicos y empleos.

Dos. Nuevas capacidades técnicas para la gobernanza del territorio.

La planeación de largo plazo, el hacer ciudades más allá de un trienio administrativo, implica un desafío político y cultural: construir capacidades técnicas en los ayuntamientos.  Apostar por un instituto municipal de planeación es dar un primer paso en la dirección correcta. Fortalecerlo y dotarlo de instrumentos normativos, financieros y autonomía es otro paso necesario.

El Implan adquiere en esta visión de gobernanza urbana del Valle de México un papel principal: diseña la agenda, identifica las competencias territoriales, hace los fideicomisos para tejer las alianzas publico-privadas necesarias en el desarrollo de las infraestructuras de nuestras centralidades metropolitanas. De ahí, que, en estos municipios mexiquenses, sea oportuno, mantener, ampliar y reforzar la Red Mexiquense Implan para crear valor, entendimiento y proyectos comunes intermetropolitanos que faciliten el cambio urbano deseado entre todos los actores sociales e institucionales involucrados en el desarrollo sostenible del Valle de México en temas críticos: vivienda, movilidad, agua potable, residuos urbanos y reactivación económica post Covid.

En memoria de mis vecinos de La Presa, en el domo del Chiquihuite.

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