AMLO no quiere una consulta ciudadana

López Obrador enfrenta el vaciamiento de la institución presidencial, acelerado por la rotura pandémica de la normalidad.

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AMLO no quiere una consulta ciudadana
Foto: EFE.

Por Oscar Juárez.

La silla presidencial está rota. Las fuerzas centrípetas en el sistema político diseminan el poder con mayor potencia cada sexenio. Nuestro país fragmentó el poder con la primera alternancia presidencial, los estados pasaron a ser protagonistas a costa de la transición política hacia un federalismo coordinado y un Estado de Derecho funcional. El presidencialismo centralista se deslocalizó progresivamente frente a las periferias a partir de 1994: Madrazo anclado en Villahermosa, Fox en Guanajuato, Calderón en Guadalajara, Peña en Toluca, López en Tláhuac; quienes llegaron a la presidencia de la República tejieron alianzas regionales eficientes para desafiar al centralismo presidencial pero ya en el gobierno federal enfrentaron cada uno a esas mismas periferias estatales con cada vez menos poder e instrumentos efectivos de gobernabilidad.

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El centro perdió el control político o mejor dicho, perdimos el centro del sistema político. Tenemos pedazos. Pocos conectan funcionalmente. Muchos son incompatibles. Y abajo, la clase trabajadora, todos nosotros, caminamos en calles inseguras expuestos a la peor de todas las violencias posibles, a la inasible violencia de terminar olvidados en una de las casi 2 mil fosas clandestinas del país, a la exclusión total, a la pura negatividad del llano en llamas rulfiano: -¡Díles que no me maten!. Así diles.

Nada es namás por nomás.

López Obrador enfrenta el vaciamiento de la institución presidencial, acelerado por la rotura pandémica de la normalidad, con viejos y emergentes instrumentos de gestión pública, mientras las periferias se agitan y abajo lo signos están en rotación.

Morena es el presidente mismo tratando suturar la rotura del poder federal. Un ensayo político desde arriba para restaurar desde abajo una nueva hegemonía centralizadora; pero que no termina de cuajar. Los apostadores regionales de este ensayo, hoy buscan mantener su base electoral como un salvavidas ante la incertidumbre pandémica, otros tienden puentes al vacío. Todo el esfuerzo presupuestal federal en programas sociales quiere seguir acreditando el dominio presidencial en el territorio, a costa de desmontar prácticas e instituciones, unas vitales, otras inservibles. Todo a cambio de la duración en el poder.

Las contradicciones del ensayo lopezobradorista explotaron en los padrones federales de beneficiarios al momento de movilizarlos para ir a la urna. Hoy limitado también por la propia lógica del gasto público en una economía golpeada por la pandemia, López Obrador debe entonces recurrir a otros instrumentos políticos: jugar al destapadismo presidencial e iniciar una consulta a modo con el objetivo de cohesionar su base partidista después de la elección de medio periodo.

Al margen, el EZLN en travesía marina provoca un giro narrativo interesante: descoloca a los zapatistas adversos a López y desubica a los morenistas contrarios a la agenda libertaria de la Sexta que quiere movilizar a la sociedad civil hacia un modelo de justicia transicional para rescatar de la noche del olvido a quienes ya no volvieron a casa y que nadie sabe dónde están, de ir otra vez sobre la huella de sus pasos y ganarle a la impunidad.

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Del olvido impune a la memoria activa

Abajo y al margen podemos articular un movimiento de oposición real desde el color de la tierra: movilizarnos con otras voces para rebasar a López y a la clase política partidista con su propia pelota. No es consultarte si una facción de arriba aplica o no la ley a otra facción de arriba para poder pactar un acuerdo con sus exclusiones, más bien, es ir hacia abajo para dotar de palabra política a los excluidos de abajo, empoderar a las familias de las víctimas de la impunidad y omisiones sistemáticas del Estado, de todas aquellas personas que desaparecieron, mujeres trabajadoras que un día no regresaron a casa, infancias huérfanas que fueron anuladas en el olvido de archivos forenses no compatibles, en oficinas dispersas de un sistema de búsqueda o de justicia penal que no funcionan por la falta de presupuesto y voluntad para hacerles funcionar. Una crisis humanitaria que se ha normalizado desde nuestra primera alternancia presidencial. Las feministas toman las calles mexicanas por la memoria, pues mujeres son una cuarta parte de las desapariciones forzadas e involuntarias. Aprendamos de ellas a ser palabra viva.

La consulta oficialista quiere dar punto final a la memoria y legitimar una reconciliación sin justicia y dignidad entre las elites que no incluya a las víctimas; por eso en lo local debemos empujar la exigencia ciudadana de hacer cumplir la ley a los olvidados del Jueves de Corpus de 1971, de Aguas Blancas en 1995, de Acteal en 1997, de San Fernando en 2010, de La Bartolina en 2019 con hasta ahora  media tonelada de restos óseos calcinados, a las mujeres desaparecidas de la Ciudad Juárez de siempre, a los abuelos y niñas con cáncer no medicados de esta mañana. Podemos juntos reinterpretar en la calle con una hermenéutica local, la escritura jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para volver a mirar hacia las víctimas en un territorio disuelto por la impunidad de los campos de exterminio en Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Nuevo León o Coahuila, de los 10 feminicidios diarios y de los rostros de 90 mil personas que siguen desaparecidas sin paz y justicia.

Es momento de retomar nuestra transición política e ir hacia una nueva institucionalidad republicana, donde nadie quede afuera y sean las personas el centro de la agenda democrática para construir nuestro Estado de Derecho.

El presidente está ahora mismo en la encrucijada: entre sabotear su propia consulta o permitir que desde abajo exijamos también a él una justicia con paz, verdad y dignidad para todos. 

Más rápido

Incidir abajo para abrir un proceso de justicia transicional y dar rotación al poder; abrir la memoria pasada y presente a favor de la vida.

Más alto.

Si un día no regreso, búscame en las estrellas…siempre así.

Más fuerte

La pandemia somete a las personas a un distanciamiento logístico y aislamiento preventivo planetario simbolizado en el estadio olímpico de Tokio que muestra nuestra fragilidad humana pero también nuestra voluntad por superar el vacío: Citius Altius Fortius.

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