A un hogar violento, la escuela es el refugio seguro

Reabrir las escuelas es necesario y nada fácil. Nuestras desigualdades sociales complican el regreso a las aulas.

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A un hogar violento, la escuela es el refugio seguro
Foto: Pixabay.

Por Oscar Juárez.

6 de cada 10 niños mexicanos quieren volver a las aulas, pero sólo 4 lo hicieron. La mayoría de las familias decidió esperar en casa, a que pase la posible ola invernal de contagios.  Inglaterra volvió a clases sin vacuna, hace casi un año. Nosotros apenas ensayamos esta semana un regreso difícil por todos los abandonos escolares y hospitalarios acumulados sexenio tras sexenio. Ninguna escuela es igual. Todas tienen carencias. Sus necesidades expresan la pobreza que rompe esos territorios y que las comunidades escolares restituyen como espacio público, vida común, como pueden y con lo que tienen a la mano durante la pandemia.

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Los costos educativos del confinamiento de nuestras infancias y juventudes es incalculable, nos dejará una marca generacional que desde hoy debemos enfrentar con nuevos procesos de enseñanza y aprendizaje. El Banco Mundial, considera que los países de renta media y baja serán los más afectados en la formación de talento humano. México promedia una deserción escolar de 3.5%, en algunas regiones alcanza hasta dos dígitos. Debemos actuar hoy como sociedad para regresar a clases, ya sea virtual o presencial, a todos los alumnos. El gobierno federal dando garantías de salud y un nuevo modelo educativo híbrido, el gobierno estatal consolidando las comunidades escolares y el gobierno municipal brindando los servicios públicos para dignificar nuestras aulas.

Reabrir las escuelas es necesario y nada fácil. Nuestras desigualdades sociales complican el regreso a las aulas. La precaria infraestructura limita la ventilación cruzada, faltan lavamanos y agua potable, la alta brecha digital entre regiones y hogares, nos desnudan como una sociedad desigual y violenta con administraciones públicas rebasadas por la nueva realidad: la pandemia sigue y debemos prepararnos mejor para hacerle frente.

Al mismo tiempo, hogares implosionados por el desempleo, la violencia intrafamiliar y las farmacodependencias amenazan con devorarse nuestro capital social. Un profesor comentaba hace poco, hechos de abuso a alumnos y maestras cometidos por sus familiares en plena clase en línea. La impotencia anidaba en su mirada. El horror en los que escuchábamos, el largo inventario de atrocidades cometidas en el lugar donde se supone una persona vive segura. Cuando las casas dejaron de ser refugio en la pandemia, las escuelas son el último reducto de paz para millones de niñas y niños. CDMX, Nuevo León, Estado de México y Jalisco son las entidades con el mayor número de casos violentos, con 7 de cada 10 personas en situación de violencia registrada en sus propios hogares de acuerdo a la ENDIREH del INEGI.

La reapertura, el descalamiento y la vuelta a la nueva normalidad mitigaron el horror de esos hogares. Volver a clases, es una entrada hacia la vida civilizada, un balsamo cultural para trascender la barbarie cotidiana simbolizada en La Bartolina y sus sombras silentes.

Nuestras niñas y niños que regresaron a clases son ejemplares, inspiran esperanza a la sociedad. Volver es posible si todos cuidamos de todos, esa es nuestra meta, sostener la reapertura, recuperar nuestras instituciones educativas, volver a la palabra verdadera del conocimiento que nos humaniza. No debemos claudicar. No debemos errar. Nos jugamos el sentido civilizatorio en esta decisión de política pública compartida por millones de jefes y jefas de familia. Subrayo, no es una decisión fácil, pero la vida está hecha de decisiones firmes, tomadas en situaciones límite. Ésta es una de ellas. Qué sea para bien de todos.

UNICEF por eso, exhorta a los gobiernos nacionales y subnacionales a reabrir las escuelas, a retomar los espacios de convivencia comunitaria y socialización del conocimiento. Poco a poco, cada comunidad escolar irá haciéndose de la cultura de cuidados necesarios, discriminar entre lo que es y no es útil para prevenir riesgos de contagio, ser resilientes. Un día con una escuela abierta, es un día ganado al horror de la pandemia, es un día de esperanza. De todos depende seguir avanzado en un camino nuevo: nuestros modelos educativos están en transformación; después de la gran pausa mundial, vendrá un proceso de innovación, de florecimiento de un futuro mejor. Por eso hoy, nuestra lucha civilizatoria debe estar enfocada en el derecho a la educación y a una vida libre de violencia para nuestras infancias.

Las comunidades escolares del país deben ser el centro de la conversación pública y del debate legislativo en México. Nuestros diputados federales y senadores nos han quedado a deber a todos: se discuten así mismos una agenda calculada para la coyuntura, pero dejan fuera del proceso político a las escuelas y al futuro inmediato. La historia habrá de pasarles la factura por no cumplir con su mandato electoral: trazar una salida a la crisis de seguridad, económica, educativa y sanitaria de la pandemia.

Las infancias no votan, pero la conciencia ética si. No habrá olvido para las omisiones e indolencias.

Es momento de volver, de modo gradual, organizado, voluntario y seguro al patio de la escuela, al lugar donde nuestro espíritu es libre.

A mi hija Ximena, por su regreso a clases.

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